Es curioso ver cómo van pasando los meses y no encuentras el momento adecuado para sentarte a reflexionar, y de paso dejar por aquí constancia de esos pensamientos del día a día.
Poco puedo decir en mi disculpa, no hay excusa para no escribir, de hecho hay un montón de posts escritos que por unos u otros motivos se quedaron en el tintero y a día de hoy ya no tienen mayor interés y por eso siguen en el limbo de la carpeta borradores.

Lo cual me lleva a recordar un artículo que leí no hace mucho y que dejé anotado en mi evernote, el artículo se llamaba La enfermedad de estar ocupado y lo podéis leer desde aquí. Tengo que reconocer que cuando vi el enlace publicado reconocí que era un artículo interesante, que debía ser leído con calma, por eso lo guardé en mi bloc de notas digital, para leerlo con calma después, el problema fue que hasta hoy no encontré el momento de calma para leerlo.

Hasta que leí el artículo pensaba que era un problema de organización, que era un desastre organizando mi tiempo libre, pero me doy cuenta de que no es un problema organizativo, es un problema de malos hábitos, de no dedicar unos minutos en el día a nosotros mismos, a hacer balance del día, a pensar en cómo ha trascurrido, y lo que más me preocupa, no reservar esos minutos para hablar con nuestra pareja, hablar de nuestras cosas sin estar mirando el reloj o pensando en todo lo que hay pendiente de hacer.
Curiosamente la semana pasada nos sorprendimos mi mujer y yo al darnos cuenta de que estábamos sentados en un taxi, sin las niñas hablando de nuestras cosas, y lo primero que nos vino a la cabeza fue un no me acuerdo de la última vez que nos sentamos a hablar con calma.
Como dice en el artículo (que espero ya os hayáis leído) ¿Qué pasó con el mundo en el que podíamos sentarnos con la gente que más queremos y tener largas conversaciones sobre nosotros mismos, sin prisa por terminar?

Supongo que a vosotros os pasará lo mismo, o similar, y que al igual que nosotros pensaréis que en las vacaciones se encuentra la salvación, que ahí tenemos tiempo para nosotros, para nuestra familia, para descansar, para desocuparnos...
Y lo único que ocurre es que cuando llegan las ansiadas y necesitadas vacaciones hemos hecho tal lista de quehaceres conscientemente o no, que al llegar al final de las mismas nos encontramos tan cansados que solemos decir que necesitamos unas vacaciones que nos descansen de las vacaciones.

Esperemos que este año que se va acercardo a su fin (si, yo considero que los años empiezan el 1 de septiembre, pero eso es otra historia...) seamos capaces de cambiar esos hábitos tan nocivos por otros más sanos y sobre todo más gratificantes.


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