Generalmente no somos conscientes de los riesgos hasta que los hemos pasado. En esto, como en muchas otras cosas, no soy diferente al resto de la humanidad. Siempre había escuchado una frase típica entre los moteros:

Hay dos tipos de motoristas, los que se han caido y los que se van a caer
Cada vez que escuchaba esta frase me la tomaba a broma, bueno no exactamente, dejémoslo en que simplemente me hacía gracia pero no me lo tomaba en serio...

Hasta que hace exactamente un año me vi, sin comerlo ni beberlo, tirado en la calzada a unos metros de mi moto. La verdad es que para lo que podía haber pasado fue un milagro que no se me llevara puesto un cohe o un autobús, o que mi moto que estaba en el carril bici no se llevara a nadie por delante.

A pesar de que tuve suerte ésta no me libró de salir con tres costillas rotas y pasar unos cuantos meses dolorido sin poder ni tan siquiera tumbarme en la cama para descansar.

Soy muy consciente de la suerte que tuve, de que en cualquier momento puedes acabar con las costillas en el asfalto por mucho cuidado que tengas al conducir, puede que desde ese día sea algo más consciente de los riesgos, pero también es verdad que coocer los riesgos no ha hecho que deje la moto en mis trayectos diarios, sigo disfrutando de la libertad que me proporciona el ir sobre dos ruedas, y eso es algo a lo que creo que no voy a renunciar, al menos no voluntariamente...


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